San Carlos en las tablas

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22

jun

2012


Enrique Buenaventura decía: “el arte no sólo sirve para decir lo que se tiene que decir, sirve también para decir lo que se tiene que callar”. Cuando alguien se pregunta por los extremos de crueldad a los que puede llegar un ser humano, las respuestas son siempre imprecisas y muchas veces peligrosas. A veces ni siquiera los términos trastorno o locura logran explicar el horror, es necesario verlo representado.

Por Manuel Garzón

 

–Se me revolvió todo – eso fue lo único que Patricia García supo decir cuando recordaba la primera vez que vio ‘Asfalto’, la obra de teatro del grupo La Gotera.

En ‘Asfalto’, cuadros cortos se entrecruzan en escena para sumergir al espectador en lo que es casi incontable: el horror de un pueblo y la crueldad extrema. Los personajes desvelan los relatos que el miedo y la represión habían embozado. Cuando alguien contempla la historia de una madre, de un victimario, de una víctima y de un muerto se adentra en todos los mundos del conflicto que vive una comunidad en guerra. Esta obra fue adaptada por los mismos integrantes del grupo de teatro de San Carlos para representar su propia experiencia pero, a la vez, para plasmar en ella todas las lógicas de la violencia.

En un edificio blanco, que linda con las montañas, en el extremo superior del pueblo, se halla el centro cultural de San Carlos. Allí tiene su casa la compañía de teatro La Gotera. Néstor Marín, uno de los directores, cuenta que el Teatro se comenzó a organizar hace veintisiete años con la ayuda del Teatro Matacandelas de Medellín. Néstor no sólo es director, también es actor del teatro. Es un hombre bonachón, parco y un poco enredado al hablar. Cuando describe el trabajo que realizan es difícil entenderle, algo extraño para ser actor. Cuenta que uno de los ejes centrales del grupo es la creación colectiva,  ésta es una corriente que desde los inicios del teatro en Colombia se ha venido imponiendo. Allí los actores hacen parte del proceso de montaje y creación como si fueran también dramaturgos, ellos tienen su partitura, la partitura del actor.

Todas las tardes los jóvenes del grupo acuden al teatro. No es sólo una actividad de recreo en las tardes calurosas de San Carlos, “los jóvenes aquí sienten un compromiso”, dice Marín. El trabajo de los jóvenes teatreros del municipio no sólo tiene hoy la tarea de promover la reintegración comunitaria y la reconstrucción del tejido social después de una época de violencia, sino que durante esa época hizo también una fuerte presencia, como movimiento de resistencia.

En plena época de terror niños y jóvenes eran un blanco constante, los grupos armados buscaban reclutarlos. Con tristeza pero con algo de orgullo Néstor recuerda que ellos fueron los que lograron detener en cierta medida este proceso.

–Promovimos la unión en el pueblo. Salíamos a la calle y nos presentábamos. Todo para que esta situación no fuera tan fuerte.

Se hacían cuadritos de historias de mimos. Iban también a las veredas y se presentaban, tratando de hacer que toda la situación fuera más llevadera. Pero la guerra, como lo recuerda Nidia, ayudante de aseo del centro cultural, no deja que nada se le escape. Y así fue. Las amenazas no se hicieron esperar. La situación se tornó tan fuerte que les tocó dejar de ir a las veredas. Todo sucumbió al caos.

-       Precisamente, por la posición que nosotros manejábamos, tuvimos varios choques con ellos, con las autodefensas. – cuenta Marín.

Si se presentaban en la plaza del pueblo y aglomeraban un cierto público, tanto ‘paras’ como guerrilleros se apoderaban de los espacios para dar sus discursos políticos.

Marín cuenta que, estando en una época tan difícil, los mismos muchachos se dieron cuenta de que lo que pasaba había que contarlo. Hubo dos sucesos que los marcaron. El primero fue el desplazamiento de la comunidad de la vereda de Santa Inés. El otro fue la muy conocida masacre de Dos Quebradas. El grupo se dio cuenta de que el material para llevar a cabo el proyecto eran sus propias vivencias. Pero ¿cómo contarlos? Allí fue de donde surgió la idea de montar ‘Asfalto’, porque hacer patente un conflicto lleno de contradicciones transgredía los límites de cualquier relato.

–El teatro cuenta las cosas de manera distinta, porque es el arte más vivo – dice Marín.

Las tablas fueron, innegablemente, la herramienta idónea para hacerlo. Y el proceso de creación fue una experiencia distinta para todos los participantes del grupo. La adaptación de ‘Asfalto’, texto del dramaturgo antioqueño Juan Álvaro Romero, se basó en la escucha de sus mismos coterráneos.

–En el pueblo mismo estaba el material para empezar a improvisar y crear – dice Marín.

Embelesado por las ventajas del teatro, Néstor cuenta la experiencia de haber montado la obra. Dice que en el teatro la acción misma permite traer al presente toda la vivacidad de los hechos del pasado. Recuerda que el estreno de ‘Asfalto’ fue muy impactante.

–No comprendimos totalmente lo que pasó esa noche.

Néstor, acelerado como queriendo aunar ideas que rápidamente volaban por su cabeza, asegura que casi cada uno de los asistentes tuvo una experiencia distinta en el teatro. Dentro del público había víctimas, victimarios, retornados, desmovilizados, policía.

–Muchas cosas pasaron aparte de la sola presentación de un libreto teatral

Las lógicas de la violencia dejaron una marca tan profunda en las personas del pueblo, que la vivacidad del teatro logró tocar a cada uno de los espectadores.

–Fue como si viera las cosas más profundamente – cuenta Constanza, una de las asistentes esa noche.

–A unos les despertó odios, otros comprendimos el porqué de muchas cosas – dice otro de los asistentes. Asegura que después de haber vivido tanta violencia, en el teatro se la podía ver.

El teatro se apodera de las vivencias de los sancarlitanos y crea un mundo aparte donde la realidad cobra otros matices. Se perdona y se recuerda. Unas mujeres rememoran hijos y esposos caídos, otros a sus padres. El teatro vivió la violencia, la resistió y de allí se nutrió para superarla. El horror que se representa es, ahora, una vida pasada pero que no se olvida.

Nota: Algunos de los nombres fueron cambiados a petición de los entrevistados.

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